Elegir entre carpintería de PVC o de aluminio para las ventanas semeja una resolución técnica, fría. En la práctica determina temperatura interior, silencio en el dormitorio, lo que vas a gastar en calefacción o aire acondicionado, y hasta la estética de la fachada. Llevo años acompañando a familias, estudios de arquitectura y comunidades de vecinos en esa disyuntiva. No hay un ganador universal. Hay contextos, prioridades y presupuestos. Por eso esta guía no vende un material, ordena los criterios y aporta cifras razonables para que tomes una resolución con cabeza.
Cómo funcionan de veras las ventanas
Una ventana no es solo vidrio y marco. Es un sistema formado por perfil, herrajes, juntas, acristalamiento y, muy importante, la instalación sobre la obra. Si cualquiera de esas piezas falla, da igual el material: va a entrar frío, ruido o agua.
En talleres y obras he visto ventanas de PVC con un vidrio triple sensacional y una instalación mediocre que terminaban con condensaciones en la parte baja. También ventanas de aluminio muy ligeras que parecían bonitas en catálogo, mas con una transmitancia térmica tan alta que el marco se enfriaba como una lata de refresco. Comprender los puntos críticos ayuda a que no te engañe un folleto.
- Perfil: el alma de la carpintería. En PVC, la clave son las cámaras internas y, si corresponde, el refuerzo. En aluminio, los puentes térmicos y el grosor de los perfiles. Acristalamiento: muchas veces el 70 a ochenta por ciento del hueco. Un doble vidrio con cámara de 16 mm y capa bajo emisiva acostumbra a ser el mejor equilibrio en tiempo templado; el triple vidrio tiene sentido en zonas frías o estruendosas. Herrajes y juntas: determinan estanqueidad al aire, resistencia al viento y seguridad. Un mal cierre transforma una buena ventana en una rendija cara. Colocación: sellado perimetral, anclajes y encuentro con el aislamiento de la testera. La ventana debe quedar dentro de la capa térmica del muro, no “colgada” cara el exterior.
Esa visión de sistema vale para equiparar con justicia la carpintería de aluminio en frente de la carpintería de PVC.
Aislamiento térmico: dónde se juegan los kilovatios
Si te preocupa el confort y la factura energética, mira la transmitancia térmica (Uw en W/m²K) del conjunto ventana, no solo del vidrio. Valores bajos significan menos pérdidas. En mis mediciones propias de residencia habitual:
- Ventanas de PVC de gama media, con refuerzo y doble vidrio 4/16/4 bajo emisivo con argón, suelen moverse en Uw 1,2 a uno con cuatro W/m²K. Ventanas de aluminio con rotura de puente térmico, bien diseñadas, con exactamente el mismo vidrio, se sitúan entre 1,4 y 1,8 W/m²K. Si la serie es premium y el separador de la cámara es cálido, pueden bajar a uno con dos a uno con tres. Las series de aluminio sin ruptura, todavía presentes en reformas viejas y en ofertas “demasiado buenas para ser ciertas”, superan con frecuencia 2,5, y en invierno convierten la casa en un radiador del revés.
El PVC parte con ventaja térmica pues el material es mal conductor. El aluminio conduce realmente bien el calor, así que precisa rotura de puente térmico con poliamida o resinas y cámaras interiores que “corten” el paso. En regiones frías o con importantes diferencias de temperatura día-noche, esa diferencia de décimas en Uw se nota. He visto dormitorios en la villa de Madrid pasar de 17 a diecinueve con cinco ºC noche tras noche tras mudar a ventanas de PVC con buen doble vidrio, sin tocar radiadores. En climas suaves del litoral, una serie de aluminio bien aislada puede ser suficiente, especialmente si el vidrio está bien escogido.
Aislamiento acústico: silencio sin sorpresas
El ruido no solo viene de la calle. Llega por vibración en el vidrio, por el aire que se cuela en microfisuras y por resonancia en el marco. Los decibelios reales dependen más de la hermeticidad y del género de acristalamiento que del material del perfil. Aun así, hay matices.
El PVC, por su mayor masa por superficie y su elasticidad relativa, tiende a amortiguar un tanto mejor ciertas frecuencias. El aluminio, bien conjuntado con juntas de calidad y vidrios laminados acústicos, iguala el desempeño. Cuando la meta es bajar treinta y cinco a cuarenta dB, el vidrio manda: un 4+4 Silence / 16 / 6 o un seis / catorce / 4+4 con butiral acústico marcha muy bien. Para avenidas muy ruidosas, es conveniente asimetría de espesores y cámaras distintas para romper resonancias. Y cierres perimetrales de compresión, no solo de enganche.
En pisos con tren cercano o bares abajo, mi regla práctica es apuntar a Rw de cuarenta dB en huecos primordiales. Lo he conseguido tanto con ventanas de PVC como con ventanas de aluminio, priorizando herraje perimetral y un vidrio laminado con butiral acústico.
Durabilidad y mantenimiento: qué avejenta mejor
Aquí entran la intemperie, el sol y, sí, la mano del usuario. El aluminio anodizado o lacado con certificación Qualicoat resiste décadas. En entornos marinos, la carpintería de aluminio con tratamientos convenientes aguanta mejor la salitre que un PVC estándar, que puede descolorarse y volverse más débil si no es una formulación de calidad. En zonas de interior, el PVC de buena marca sostiene color y rigidez 20 a treinta años sin inconveniente. La clave es exigir perfiles con estabilizantes convenientes, garantía de color y superficie coextruida si es foliado.
Mantenimiento real: el PVC solo pide agua con jabón y un engrase anual de herrajes. El aluminio también, aunque en lacados oscuros bajo sol intenso pueden aparecer microdilataciones que tensan juntas si la fabricación estuvo justa. La buena nueva es que ambas opciones requieren mucho menos cuidado que la madera.
Golpes y rayones: el PVC se puede rayar con objetos duros, mas los rayones ligeros se disimulan; si queda muy marcado, no hay repintado simple. El aluminio, si se golpea fuerte, puede abollarse, y el lacado saltar. En sobrecalentamiento (terrazas acristaladas que pasan de 60 ºC ), el PVC puede dilatar más, por eso precisa refuerzo metálico interno bien dimensionado y una instalación con holguras adecuadas.
Estética y diseño: proporción, líneas y acabados
La estética pesa más de lo que uno acepta. El aluminio luce perfiles más finos y admite hojas grandes con menos sección vista. En paños de más de dos,2 m de alto o correderas panorámicas, la carpintería de aluminio ofrece series minimalistas con nudos de 2 a tres cm que el PVC no puede igualar. Si el proyecto pide marcos esbeltos, colores metalizados o tiradores ocultos, el aluminio es un aliado.
El PVC ha avanzado con foliados que imitan madera convincente, negros mate y grises contemporáneos. Para una residencia de estilo norteño o clásico, unas ventanas de PVC bien foliadas dan calidez sin el mantenimiento de la madera. En obra nueva, cuando el diseño acepta perfiles algo más gruesos a cambio de mejor rendimiento térmico, es una combinación ganadora.
Compatibilidad con estilos locales: en cascos históricos barandillas y pasamanos de aluminio de manera frecuente la normativa exige determinadas secciones o color por fachada. Es más fácil cumplir con carpintería de aluminio por variedad y estabilidad de acabados, aunque hay distribuidores de PVC que cumplen de sobra en contextos exigentes. Resulta conveniente repasar muestras reales a pie de obra, no solo cartas de color.
Tamaños y mecánicas de apertura: límites prácticos
Los catálogos prometen mucho, pero la física manda. Para hojas batientes grandes, el PVC requiere refuerzos de acero que suman peso y fuerzan a herrajes más robustos. A partir de 1,2 m de ancho por 2 m de alto en una sola hoja practicable, el equilibrio puede complicarse. En aluminio, las hojas grandes son más viables y estables con el tiempo.
En correderas, el aluminio ofrece sistemas elevables y minimalistas muy pulidos, con canales de desagüe teatrales y rodaduras discretas. El PVC tiene correderas eficientes, especialmente si son perimetrales o oscilo paralelas, con mejor estanqueidad que la corredera tradicional. Cuando el hueco es enorme y la prioridad es marco fino, el aluminio toma ventaja.
Si buscas hermeticidad total y eficacia, una oscilo batiente, ya sea de PVC o de aluminio con buena ruptura, siempre y en todo momento superará a una corredera convencional. En tiempos ventosos, esa diferencia se nota tanto en ruido como en sensación de corriente.
Condensaciones: por qué aparecen y de qué manera evitarlas
Las condensaciones amedrentan por las manchas negras en silicona y la sensación de humedad. El vidrio frío por debajo del punto de rocío, sumado a una humedad relativa alta interior, crea gotas. El marco influye. Un PVC con divisor térmico y un separador caluroso en la cámara del vidrio reduce mucho el riesgo. El aluminio con rotura bien diseñado también, mas un separador metálico económico en el doble vidrio puede arruinar el conjunto.
He resuelto múltiples consultas en las que, tras cambiar ventanas, empeoró la condensación. No porque la ventana fuera peor, sino más bien porque la casa quedó tan hermética que el vapor de duchas y cocina no hallaba salida. Solución: ventilación controlada, microventilación en herraje o rejillas higroregulables, y educación de uso. Las mejores ventanas de aluminio o ventanas de PVC precisan un plan de ventilación.
Precio: qué coste tiene lo que vale
Cifras orientativas a dos mil veinticinco, con alteración por provincia, distribuidor y herrajes:
- Carpintería de PVC de media gama con doble vidrio bajo emisivo y argón: 280 a trescientos ochenta €/m² instalado. Series premium con triple vidrio y juntas de alta calidad: cuatrocientos veinte a quinientos cincuenta €/m². Carpintería de aluminio con rotura de puente térmico y doble vidrio equivalente: trescientos veinte a 450 €/m². Series minimalistas o elevables de alta gama: 600 a novecientos €/m², y más si hay grandes deslizamientos.
La diferencia rara vez supera un diez a veinte por cien en gamas comparables. Lo que dispara el coste son los formatos especiales, los acabados exigentes y los vidrios técnicos. Si alguien ofrece una carpintería de aluminio muy, muy barata, desconfía de la rotura de puente térmico y del espesor de perfil; en PVC, desconfía de perfiles sin refuerzo, con pocas cámaras o sin garantías de color.
Sostenibilidad: alén de la etiqueta verde
Se habla mucho del reciclaje. El aluminio se recicla realmente bien, con un gasto energético mucho menor que generarlo desde bauxita. Muchas series incluyen ya contenido reciclado certificado. El PVC asimismo se recicla, y en Europa hay circuitos para perfilería postconsumo, mas depende mucho del fabricante y la logística local.
En análisis de ciclo vital, el mayor impacto está en el uso: la energía que ahorras durante 20 a 30 años pesa más que la huella de fabricar el marco. Por eso escoge primero buen rendimiento térmico y durabilidad, y luego valora el origen del material. Un dato útil: demandar documentación EPD del sistema de perfiles, no solo folletos comerciales.

Seguridad y resistencia: lo que no se ve
El material no es el primordial factor de seguridad. Mandan el herraje perimetral, el número de puntos de cierre, las placas antipalanca, las manillas con llave y, crucial, el vidrio. Un laminado 4+4 en la hoja exterior con butiral estándar complica mucho la intrusión en comparación con un monolítico. Si la planta baja da a la calle, añade un herraje RC2 y apreciarás la diferencia en segundos de resistencia.
Resistencia al viento y al agua: los ensayos AEV (Aire, Estanqueidad, Viento) certifican el comportamiento. En fachadas expuestas, pide Clase tres o cuatro en permeabilidad al aire, E900 en estanqueidad y resistencias al viento altas. Tanto en carpintería de aluminio como en carpintería de PVC hay series con certificaciones excelentes. La calidad de la instalación vuelve a aparecer: sin un buen sellado y anclaje, los papeles no valen.
Instalación: el eslabón que define el resultado
Un ejemplo real: dos pisos idénticos en un edificio de los noventa. Ambos instalaron ventanas de PVC de la misma marca, vidrio idéntico. En el primero, se selló el perímetro con espumas de baja expansión, cintas atascas interior y exterior, y se conectó al trasdosado aislante. En el segundo, se colocó “a la antigua”, espuma y silicona vista. El primero ganó dos grados de temperatura interior media en invierno y redujo el estruendos medio nocturno 4 dB respecto al segundo. Las cantidades no venían del perfil, venían de la instalación.
Pide memoria de colocación. Las cintas expansivas, los premarcos bien aplomados y el encuentro con la capa de aislamiento son la diferencia entre una ventana de catálogo y una ventana de veras.
Casos de uso: dónde brilla cada material
Vivienda unifamiliar en tiempo frío, calefacción con radiadores, ventanas medianas y prioridad eficiencia: el PVC acostumbra a rendir mejor costo-beneficio, con doble o triple vidrio según orientación. Si las estancias al norte son muy sombreadas, valora triple vidrio y separador cálido.
Ático litoral, orientación sur y grandes ventanales correderos con vistas: el aluminio con rotura y sistemas elevables o minimalistas, bien lacado y con herrajes robustos, resiste mejor el sol y la sal, con estética más esbelta. Vidrio con control solar selectivo para eludir sobrecalentamiento.
Piso urbano estruendoso en segunda planta, huecos de tamaño estándar: PVC o aluminio valen si se prioriza vidrio laminado acústico y herraje perimetral. La microventilación ayuda a controlar humedad sin abrir de par en par.
Rehabilitación en edificio protegido, obligación de color y sección fina: la carpintería de aluminio ofrece más juego para cumplir normativa sin sacrificar estanquidad. Demanda ruptura y un vidrio térmico decente, aunque los perfiles sean delgados.
Locales o espacios con uso intensivo, golpes y manipulación frecuente: el aluminio aguanta mejor el trote y las aperturas continuas, siempre y en todo momento con herrajes bien dimensionados.
Errores frecuentes que encarecen o arruinan el resultado
- Comparar costos sin equiparar vidrios, herrajes y valores Uw. Aceptar aluminio sin rotura “porque es más barato”. Sale costoso en confort. Elegir corredera por costumbre cuando una oscilo batiente rendiría mejor y costaría semejante en huecos pequeños. Descuidar la ventilación tras hacer la vivienda más hermética. Aparecen condensaciones y olores. No revisar muestras reales de color y textura. Un gris antracita cambia mucho entre distribuidores.
Números que conviene llevar a la reunión
Transparencia ayuda a decidir con calma. Para un piso de 90 m² con doce m² de hueco acristalado, pasar de ventanas antiguas de aluminio sin ruptura y vidrio simple a ventanas de PVC con doble vidrio bajo emisivo puede ahorrar entre 2.000 y 3.500 kWh anuales en calefacción y refrigeración, según clima y hábitos. A costes de energía de cero con doce a cero con veinte €/kWh, el ROI se mueve entre seis y doce años. Con aluminio de calidad afín, el ahorro es casi exactamente el mismo si el Uw del conjunto coincide. La diferencia de retorno viene más por el costo inicial y la durabilidad en tu entorno.
En acústica, pasar de un vidrio 4/6/4 a un 4+4 Silence / 16 / 6 baja entre seis y diez dB en banda relevante. La percepción subjetiva es casi la mitad de ruido. Esto requiere herrajes que presionen bien el perímetro. De nuevo, no es material, es sistema.
Cómo decidir sin arrepentirse
Si tuviese que condensar la experiencia en un proceso sencillo:
- Define prioridades en orden: eficiencia térmica, acústica, estética, presupuesto, mantenimiento. Con ese orden, va a ser más simple sacrificar lo menos esencial. Elige dos o tres distribuidores que trabajen con marcas reconocidas de perfiles y herrajes. Solicita fichas técnicas con Uw del conjunto, no estimaciones. Valora muestras reales. Observa la rigidez de la hoja, la calidad de las juntas, el acabado del lacado o foliado y la suavidad del herraje. Pide una memoria de instalación. Si mencionan premarco, cintas atascas y encuentro con aislamiento, estás en las manos adecuadas. Ajusta el vidrio a cada orientación. No hace falta triple en toda la casa. En sur y oeste, tal vez control solar; en norte, prioridad térmica; en testera ruidosa, laminado acústico.
Esta lista no reemplaza tu criterio, lo acompaña. En ocasiones un pequeño cambio en el vidrio o en el sistema de apertura pesa más que mudar de material.
Entonces, ¿PVC o aluminio?
Si tu vivienda busca máximo confort térmico con presupuesto contenido, con huecos de tamaño estándar y sin demandas estéticas minimalistas, la carpintería de PVC te va a dar mucha satisfacción y una buena relación costo beneficio. De manera especial si la orientas con vidrios adecuados y un montaje impecable.
Si necesitas perfiles finos, grandes luces, alta resistencia mecánica y un abanico de acabados que resistan al sol y al mar, la carpintería de aluminio con ruptura de puente térmico, bien concretada, es la aliada natural. Pagas algo más por estética y estructura, no por aislamiento, que puedes igualar con una buena serie y vidrio.
En cualquiera de los dos, huye de los extremos asequibles. Las ventanas las ves y las sientes todos los días, y un pequeño extra bien invertido en herrajes, juntas y montaje se traduce en años de silencio, temperatura estable y cero sorpresas.
Un apunte final sobre marcas y garantías
No menciono nombres por respeto a la competencia leal, mas sí recomiendo pedir garantías por escrito: estabilidad de color y superficie en PVC, calidad del lacado y anodizado en aluminio, certificación de vidrios y herrajes, y por lo menos un par de años de garantía de instalación. En obra seria, las ventanas de aluminio y las ventanas de PVC llegan con códigos de trazabilidad y EPD disponibles. Quien no puede dar esa documentación suele competir solo por costo.
Elegir entre carpintería de aluminio y carpintería de PVC no es una religión. Es un ajuste fino entre necesidades reales, tiempo, diseño y proveedores eficientes. Con la información conveniente, cualquier opción bien ejecutada te hará olvidar el discute cuando cierres la hoja por la noche y la casa quede, por fin, en silencio y a buena temperatura.
Ventalun - Carpintería de Aluminio, PVC y Cristal
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